
Problemas de eliminación: normalmente se producen por cualquier alteración que cause molestias al orinar o al defecar, por marcaje con orina (suelen marcar sobre superficies verticales y no dejan de utilizar la bandeja) o por un problema de rechazo de la bandeja (no les gusta la bandeja, no les gusta la arena o no les gusta la localización).
Agresividad hacia el hombre: es importante diferenciar una conducta agresiva de una conducta normal de juego. La agresividad puede tener diversos orígenes: puede ser redirigida, es decir, el estímulo que desencadena la conducta agresiva no es accesible para el animal (por ejemplo otro gato, al que ve desde la ventana) por lo que éste dirige su ataque hacia la persona que tiene más cerca; también puede desencadenarse por miedo, adoptando el animal una postura característica (piloerección, presentación lateral del tronco, espalda arqueada y cola erguida); y menos frecuentemente se produce por una causa orgánica, principalmente cualquier problema que cause dolor.
Agresividad hacia otros gatos: es principalmente de tres tipos: intrasexual (sobre todo entre machos y en época de celo); por miedo (de origen desconocido puede aparecer entre animales que anteriormente habían convivido sin problemas); o territorial (uno de los animales persigue y ataca al otro).
Conductas compulsivas: la más frecuente es la alopecia psicógena felina, cuyo origen más probable es cualquier situación que cause estrés al animal, llevándolo a una conducta de acicalamiento excesiva.
Los problemas de comportamiento, que abarcan cualquier conducta del animal que resulta peligrosa o molesta, son muy frecuentes. A veces son el resultado de pautas de conducta normales del animal, como el marcaje con orina en el caso del gato, pero en otras ocasiones son el reflejo de alguna alteración orgánica, desde un proceso que curse con dolor hasta cualquier patología que afecte a la funcionalidad cerebral. Por ello es necesario acudir a un veterinario especialista ante cualquier modificación del comportamiento de su perro o gato. Existe una gran cantidad de problemas de comportamiento, siendo los principales los que se citan a continuación:
Agresividad
por dominancia:
el
perro no acepta la autoridad de sus propietarios. En general demuestra agresividad
a las personas del entorno familiar cuando intentan quitarle un objeto de
la boca, cuando lo molestan mientras come, duerme o descansa y cuando lo castigan.
El grado de agresividad va desde enseñar los dientes y/o gruñir hasta una
mordedura.
Agresividad
por miedo: suele
acompañarse de ladridos y gruñidos. Este tipo de agresividad puede desencadenarse
ante estímulos que el animal asocia con experiencias desagradables, ante estímulos
sensoriales intensos o ante una conducta agresiva por parte de otros animales
o bien puede dirigirse hacia cualquier persona desconocida, aunque en ocasiones
se dirige a un tipo concreto de personas (niños, ancianos).
Agresividad
territorial: se manifiesta cuando otro
animal o una persona desconocida invade lo que el animal considera su territorio,
que puede ser el área que rodea al animal cuando va cogido con la correa.
Ansiedad por separación:
cuando el animal se queda solo produce destrozos en
la casa, ladra y llora continuamente y orina y defeca en lugares no deseados.
Problemas
de eliminación: micción o defecación inadecuadas.
Se producen sobre todo por falta de aprendizaje, aunque también pueden darse
como consecuencia de un problema de ansiedad por separación, por algún tipo
de fobia o por una sumisión extrema. También están descritos en casos de marcaje
territorial, sobre todo con orina.
Conductas compulsivas:
la más frecuente es la dermatitis acral por lamido,
que suele presentarse en la parte más distal de las extremidades. Normalmente
se asocia a situaciones de estrés o de ansiedad por separación.